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© LIBERAR CARENCIAS DEL ESTADO NIÑO, PARA SENTIR LA FUERZA DEL ESTADO ADULTO
FEBRERO 2018



Desde que somos pequeños desarrollamos conductas y actitudes que nos permiten sobrevivir a los conflictos que se desarrollan a nuestro alrededor. Esas actitudes pueden ser recurrir a un determinado comportamiento para llamar la atención, para sentirnos queridos, tener la aprobación de los que nos rodean, etc. Necesitamos esto, en primer lugar, de nuestros padres, y también de alguna otra figura de apego que esté presente en nuestra infancia. En función de cómo se haya desarrollado ese apego o ese vínculo con nuestros padres, se desarrollarán unos comportamientos u otros en nuestra vida a medida que vamos creciendo.

Quiero nombrar en este punto, la TEORÍA DEL APEGO, que fue formulada por el psicólogo John Bowlby. Muy resumidamente,  esta teoría demostrada científicamente, nos viene a decir que el infante desarrolla un apego seguro si durante sus primeros cinco años de vida siente que es aceptado y protegido incondicionalmente. Bowlby demostró que era necesario un apego seguro para un correcto desarrollo cognitivo y emocional posterior. En el apego seguro, el niño crece confiando en sí mismo y en los demás. En cambio, los niños con apego inseguro, crecen desconfiando del entorno y/o de ellos mismos, sin la seguridad de sentirse amados incondicionalmente, por lo que van a desarrollar estrategias para conseguir ese afecto y lograr sobrevivir.

Esas estrategias pueden ser comportamientos a los que subyacen los siguientes pensamientos: voy a ser bueno / inteligente / perfecto, etc. para que me quieran más. Y si así no consigue el cariño deseado, se recurrirá a otro tipo de conductas como voy a ser rebelde, a llorar, gritar, sacar notas bajas, etc., para tener algo de atención.

Los comportamientos y emociones que más desarrollamos en nuestra infancia, en un primer momento son adaptativos porque nos permiten sobrevivir, tener cariño y atención. Cuando crecemos, algunas de esas actitudes y emociones ya no son adaptativas porque son emociones que corresponden a cuando éramos pequeños, pero que hoy en día al haber crecido, nos perjudican, porque no se adaptan a la realidad del momento presente.

Cuando ya hemos crecido, somos mayores, y seguimos viviendo las emociones de cuando éramos unos niños, sin poder en muchas ocasiones vivir otra cosa, es lo que denominamos estar en el estado Niño (concepto de Análisis Transaccional).

Cuando en nuestro día a día, vivimos en el estado Niño, significa que la forma en que vivimos los conflictos o las situaciones, lo hacemos influidos por las emociones no resueltas del pasado, por lo que se nos hace aún más insostenible y más difícil de solucionar la situación que en este momento tenemos, ya que la situación actual lo que necesita de nosotros es que la afrontemos desde el estado Adulto.

Las emociones no resueltas del pasado se siguen activando, en primer lugar, porque no he aprendido a vivir de otra manera; y por otro lado, porque lo que aún no he resuelto, mi inconsciente lo sigue proyectando en mi realidad presente, llegando en muchas ocasiones a distorsionarla en función de mi experiencia pasada vivida (y no resuelta).

Si no he desarrollado estrategias que me permitan salir de ese bucle emocional, vuelvo a caer en lo mismo. De manera que cuando eso se produce, podemos decir que nuestro momento presente, todavía se ve condicionado por el pasado. Esto suele ocurrir cuando aún se sienten las consecuencias de un trauma en nuestra vida, de una separación abrupta de los padres, de haber tenido un “apego inseguro”, de un duelo que no se completó, etc.

Cuando una persona tiene uno o varios duelos pendientes de resolver, y uno de ellos está en su infancia, cada vez que esa persona tiene una pérdida (terminar una relación de pareja, perder una amistad, etc.), no sólo siente la pérdida de ese momento presente, sino que se le activa el duelo que  no completó en el pasado. Por tanto, lo que siente ante la situación actual puede ser muy desmesurado, porque no corresponde sólo a la situación del momento presente, sino que se activan todas esas emociones que hay detrás de esos duelos pendientes de resolver. Además, cuando uno de esos duelos corresponde a la infancia, puede ser todavía más difícil de identificar, porque puede no recordarse a nivel consciente (ya que han pasado muchos años), pero inconscientemente continúa influyendo en la vida de la persona y activándose los sentimientos asociados a esa pérdida.

En definitiva, cada vez que no podemos vivir la situación del presente con la intensidad “justa” que corresponde al momento presente, o con la emoción propia que corresponde sólo al momento presente, significa que lo estoy viviendo desde el estado Niño. Es decir, vivir desde el estado Niño significa vivir en la actualidad desde las emociones, pensamientos y conductas que sentíamos cuando éramos niños. En cambio cuando puedo vivir mi vida, desde lo que corresponde únicamente al momento presente, podemos decir que estamos en ese momento viviendo desde el estado Adulto.

Para que nuestra vida fluya, es importante tomar conciencia del estado en que nos movemos habitualmente, y hacer lo posible para vivir cada vez más desde el estado Adulto. Para pasar del estado Niño al estado Adulto, es necesario resolver y hacerme cargo de mis carencias emocionales sin culpar a nadie, sin culpar a mis padres, sin culpar al pasado, sin esperar que otras personas de mi vida actual cubran esas carencias, y hacerme cargo de mí mismo. Además es necesario renunciar a los beneficios secundarios que tiene estar en el estado Niño, como por ejemplo: no asumir la responsabilidad, dejar que los demás decidan por nosotros, estar en la queja y/o la manipulación, actitud victimista o rebelde, exigir a los demás que sean como yo quiero que sean, dejar de buscar sustitutos de los padres y aceptar incondicionalmente a los padres que tuve, etc.

Si actuamos de acuerdo a lo que conviene al momento presente, habiendo integrado las experiencias del pasado pero sin estar condicionados por él, estamos en el estado Adulto. Al estar en el Adulto, es donde nuestra vida tiene más fuerza porque desde ahí tomamos las riendas de nuestra vida, a la vez que nos hacemos cargo de nuestras carencias, sin utilizar éstas para justificarnos.

Como consecuencia, sentiremos que tendremos más fuerza para lo que nos depare la vida y empezaremos a fluir de otra manera, con nuevas oportunidades y nuevos caminos que se abren ante nosotros.

A través de las Constelaciones Familiares podemos ver cómo las emociones del estado Niño, pueden ser propias o adoptadas de algún ancestro. Las Constelaciones Familiares nos permiten liberar o tomar consciencia, de aquello que no me permite estar en el Adulto, y de esta forma vivir más plenamente el momento presente.

Cristina Cáceres Mangas