Un lugar de encuentro donde tomar conciencia y seguir creciendo a través de herramientas que nos ayudan a conocer y sanar nuestro inconsciente

 

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© Vivir sin miedo
OCTUBRE 2010

 

 

¿Cómo las regresiones te pueden ayudar a ello?

Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo en el que permitimos que el “miedo” entre en nuestra vida, pero esto puede dejar de ser así. Son tiempos nuevos, y todo favorece para que dejemos los miedos atrás, pero es importante ser consciente de los motivos que hacen que uno viva apegado a sus miedos, para dejar de estar condicionados por ellos, y poder así vivir en libertad.

¿Cómo actúa el miedo?

Le dejamos que entre en nosotros, y le concedemos un espacio en nuestra mente, en nuestro cuerpo y en nuestro corazón, hasta que afecta a nuestra energía, para acabar somatizando el miedo a través de síntomas que creemos que se van a “curar” con medicación. Y sí, quizá el síntoma se cure, pero si no tomamos conciencia de qué lo produjo, habrá nuevos síntomas que curar, porque los anteriores pueden llegar a irse, pero si no se ha sanado de verdad, aparecerán otros nuevos.

Experimentar miedo no es una cosa de un día para otro. Si lo analizamos en profundidad, permitimos que el miedo vaya entrando poco a poco, desde que somos niños. Algunos incluso nacen con el miedo impreso en sus células, porque lo han absorbido durante la gestación a través de las vibraciones que percibían de su entorno más inmediato.

A nuestros pequeños se les inculca el miedo con frases tipo “va a venir el hombre del saco y te va a llevar”, o “¡ya verás cuando venga tu padre!”. Ni que decir tiene la connotación que tiene vincular a la figura paterna o materna con el miedo, ¿dónde queda entonces el Amor? Es muy importante ser conscientes de esto para no transmitir el miedo a los niños, y para que no asocien éste a sus progenitores. Los progenitores siempre deberían estar relacionados en nuestro inconsciente con el Amor, si así fuera, todo sería mucho más fácil, no sólo durante la infancia y la adolescencia, sino en la edad adulta.

Seguimos creciendo y seguimos aprendiendo de nuestros mayores el miedo, aprendemos a angustiarnos, a sentirnos inseguros, y lo peor de todo, nos familiarizamos con esa sensación, llegamos a creer que es normal y asumimos que hay que malvivir con la angustia, que no hay otro remedio, “así es la vida”, se suele decir… Nos cuesta estar relajados al tomar decisiones, ante los cambios, ante los imprevistos, ante la enfermedad, ante una separación y ante una larga lista que no tendría fin.

Tampoco somos conscientes que desde el miedo se nos manipula, porque el miedo bloquea, te impide reaccionar, te dejas llevar en ocasiones por lo que otros te dicen ¿no ha pasado esto con los miedos colectivos provenientes de la Gripe A o de la “crisis” económica? La única crisis que hay es la propia espiritual de cada uno. A veces hay que atravesar por este tipo de experiencias para evolucionar, para integrar lo que vivimos aquí en la Tierra con la luz que sabemos que hay en otras dimensiones, y entender que si “aquí”, desde nuestra experiencia como humanos, logramos trascender y aprender lecciones que nuestra propia Alma ha escogido trabajar, sólo entonces daremos gracias por todas esas circunstancias que nos han permitido evolucionar.

Podemos elegir entre atraparnos por el miedo, o no permitir que éste nos condicione.

¡No pasa nada por tener miedo! Porque si reconocemos que lo tenemos, el primer paso es ACEPTARLO, no luchar contra él, no engañarnos, y una vez hemos sido sinceros con nosotros mismos, el siguiente paso es tomar la decisión consciente de que no queremos que éste nos condicione, ni que se haga dueño de nuestra vida, porque de lo contrario le estaríamos entregando nuestro “poder” al miedo. Sí, eso sería entregarle nuestro poder, por eso cuando sentimos miedo nos sentimos tan débiles energéticamente, confundidos, desorientados, no somos capaces de tomar decisiones y nos anulamos a nosotros mismos si nos dejamos llevar por él.

Todos nosotros somos Seres de Luz, pero si no tomamos conciencia de ello, dejamos que esta luz se empañe, impedimos que esta luz brille como podría brillar cuando en vez de afrontar el miedo nos dejamos condicionar por él. ¿Y cuál es la consecuencia de esto? La consecuencia es que dejamos de ser por miedo. Es decir, impedimos que salga a flote todo nuestro potencial, toda nuestra luz y todo nuestro Amor.

Una manera de ser conscientes de cómo podemos actuar sin dejarnos condicionar por los miedos, es a través de las regresiones, ya que se pueden entender los motivos verdaderos por los cuáles nos sentimos así, y transformarlos en Amor, es decir, sanarlos a nivel emocional, mental y energético. Hay muchos tipos de miedos que nos impiden ser como nos gustaría: miedo al rechazo, miedo a sentirnos culpables, miedo a sentir una determinada emoción, miedo a equivocarnos, miedo al cambio, miedo al fracaso, miedo a no ser queridos, miedo a la soledad, etc.

Si queremos superar estos miedos, hemos de saber que hay técnicas y herramientas que nos pueden ayudar a ello, entre ellas la terapia regresiva, que nos permite alcanzar experiencias espirituales muy profundas.

Nosotros mismos nos cerramos las puertas a donde nos gustaría llegar. Y ésta es la pregunta que quiero hacerles: ¿a qué tenemos miedo realmente? ¿Se dan cuenta de que nuestro mayor miedo es el miedo en sí mismo?Miedo al mismo miedo, ésa es la respuesta. Pero si abrimos la puerta que hay detrás del miedo, nos daremos cuenta de que no hay “nada”. No hay nada a lo que realmente temer si no entregamos nuestro poder a las emociones que provienen del miedo. Todo está en nuestra mente, y nuestra mente tampoco quiere tener miedo, nuestra mente también sufre. Entonces, integremos Todo lo que Somos, integremos nuestra mente y nuestra Alma y nos daremos cuenta de que nuestra luz pesa más que nuestra oscuridad. Voy más allá, nos daremos cuenta de que nuestra luz y nuestra oscuridad, vistas desde dimensiones superiores, son lo mismo; y que la oscuridad no es más que un instrumento para que aflore esa chispa divina que hay en cada uno de nosotros. Es más, reconocer la chispa divina en el otro, también ayuda a que la reconozcas en ti, y viceversa.

Cada persona, cada situación, cada acontecimiento que hay en nuestra vida en este momento son lo apropiado en cada uno de nosotros para evolucionar. Por tanto, tampoco hay que tener miedo a aprender. Y si en un determinado momento nos sentimos perdidos, pidamos ayuda a los Seres de Luz que nos guían, acompañan y protegen. Pidamos con fe y encontraremos respuestas, ya sea a través de una persona, una conversación, un libro, una “casualidad”, una película, una palabra que se repite constantemente, un sueño… El mundo está lleno de señales para nosotros, sólo tenemos que querer verlas y estar en apertura, y entonces, aprendemos a Ser nosotros mismos, sin condicionarnos por el miedo, sacando toda nuestra luz, y reconociéndola ante cualquier cosa que se nos presente en este maravilloso Camino, llamado “Vida”.

Cristina Cáceres Mangas

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