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© Sanar la rabia para
amar y estar en la Vida
Enero, 2013

 

He aprendido mucho de la emoción de la rabia en los últimos años, a través de mi propio crecimiento personal y el de otras personas que han llegado a mi vida personal y a mi consulta. Normalmente es una emoción más bien betada por la sociedad, por nuestro entorno y por nosotros mismos.

Si bien es verdad que puede no ser cómoda, también es cierto, por lo que he podido comprobar, que las personas con más rabia que he conocido, han sido aquellas con más necesidad de ser queridas pero a la vez, con más miedo al amor. Es este miedo lo que muchas veces hace que una persona se muestre irascible, para inconscientemente, alejar el amor y a las personas de sí misma. Porque, aunque sufra por no tener amor, es como si inconscientemente prefiriese eso, antes que asumir el riesgo que supone amar.

AMAR SUPONE DAR UN SALTO AL VACÍO, PORQUE AMAR VERDADERAMENTE REQUIERE DEJAR DE CONTROLAR LOS PROPIOS SENTIMIENTOS Y LOS SENTIMIENTOS DE LA OTRA PERSONA.

Por eso sólo aman los valientes, los que saben que existe el riesgo del tan temido dolor, pero no les da miedo o no se dejan condicionar por él, porque prefieren pensar en lo que van a ganar, en lo que se siente cuando el corazón está expandido; porque están en la vida, y no puede existir pasión por la vida sin la correspondiente apertura al amor.

Son distintos miedos los que pueden mover a una persona a esconderse bajo el disfraz de la rabia: miedo al abandono, miedo a ser dañado, miedo a no ser querido, y una larga lista que se va sumando según la experiencia de cada uno.

Hay personas que tienen miedo al amor y surge en ellos muchas veces la necesidad de poner a prueba a los demás, entonces inconscientemente les retan o les piden cosas imposibles, para ratificar su hipótesis de que no les quieren lo suficiente, que les van a abandonar una vez más, que es mejor estar sólo para no tener problemas y estar tranquilo, o que los demás no me dan tanto como yo doy, etc. Entonces aparece de nuevo el victimismo, compañero fiel de la rabia, que me permite justificarme una y otra vez para seguir creyéndome mi propia mentira de que se está mejor sin comprometerme, sin amar.

Hoy en día está muy de moda decir que es mejor tener relaciones liberales, abiertas, donde tener “amigos con derecho a roce” y no tanto una pareja. Pero muchas veces lo que hay detrás de esta afirmación es miedo al compromiso, miedo al fracaso, miedo a sentir, y sobre todo, miedo a abrir el corazón. Podemos engañarnos todo el tiempo que queramos, y creernos que somos más modernos por tener “amigos/as” que por arriesgar a intimar en una relación donde crecer y donde poder ver en el otro nuestro propio espejo.

Si no abrimos el corazón y no nos atrevemos a sentir, estaremos vivos, pero estar vivos no significa lo mismo que estar en la vida, porque también se puede estar muerto en vida, y esto sucede cuando nos relacionamos desde el miedo, cuando estamos más tiempo en la mente que en el corazón, o cuando utilizamos mecanismos de defensa como la rabia, para en el fondo alejarnos de toda posibilidad de amor. Aunque inconscientemente muchas veces somos nosotros los que nos alejamos, seguimos culpando a los demás de lo que nos sucede, porque no nos sentimos suficientemente queridos, o porque nos excluyen, cuando en realidad somos nosotros quienes nos alejamos.

Igual que el manzano no deja de dar su fruto porque sus manzanas se vayan a caer, ni se pregunta si las manzanas que produzca serán para siempre o no, nosotros, en cambio, nos hacemos mil preguntas antes de abrir nuestro corazón.

Simplemente la ley natural del árbol es permitir que las manzanas crezcan junto a él, hasta que el cambio estacional haga que el fruto caiga de forma natural al suelo. Si el árbol dejara de producir manzanas por miedo a que éstas un día se caigan, dejaría de ser un manzano. Y metafóricamente hablando, parece que sólo nos atreveremos a abrir el corazón cuando nos aseguren que las manzanas no se van a caer de nuestro árbol. Pero eso nadie nos lo puede asegurar, eso forma parte del desafío y de la aventura de la vida. Igual que la ley natural del manzano es dar el fruto de las manzanas, en nosotros, los seres humanos, nuestra ley natural es amar, y cuando no lo hacemos, estamos yendo en contra de nosotros mismos, y cuando vamos en contra de nosotros mismos, muchas áreas de nuestra vida pueden verse afectadas y/o bloqueadas.

Si lo que queremos es amar plenamente sin riesgo a sentir dolor, o sin riesgo a tener un desengaño, debemos saber que esto no es posible. Pero el no tener miedo a amar, consiste precisamente en no tener miedo a ser vulnerables. Podemos perder, sí. O nos pueden hacer daño, sí. Pero es mucho más lo que podemos perder, si no lo hacemos. Para empezar, si nos cerramos a “sentir” nos podemos enfermar, y esa no apertura del corazón, puede reflejarse en todas las áreas de nuestra vida, porque olvidamos que todo está unido e interrelacionado.

Todo es energía, el amor es energía de una alta frecuencia vibratoria, por tanto, abrirnos o no al amor, hace que nuestra vida fluya más o menos. Cuanto más amor hay en nuestra vida, más fluye ésta. Cuando sientes que un área de tu vida no fluye lo suficiente, pregúntate a quien no estás amando, o a quien le estás cerrando el corazón.

El ser humano adulto, no es el que ha cumplido la mayoría de edad o el que se ha emancipado. El adulto es el que no tiene miedo a amar, o el que reconoce que tiene miedo, pero lo trabaja y quiere trascenderlo. Lo contrario, sigue siendo un niño que cree que es indefenso y no se atreve a tener una entrega o intimidad desde el corazón.

Los tiempos han cambiado mucho, por ejemplo, en las relaciones de pareja. Antes había muchos tabúes sexuales, pero ahora es cada vez más habitual entregar el cuerpo incluso a desconocidos, mientras que a veces el corazón no se lo abrimos ni tan siquiera a quienes más queremos. Afortunadamente, cada vez son más conocidas en Occidente corrientes como el Tantra, que tratan de unir la energía sexual con la energía del corazón y permiten la apertura a la verdadera entrega en las relaciones.

Hay personas que para pedir cariño se enfadan para llamar la atención y así ser atendidas, por lo cuál también hay un punto de manipulación desde el enfado. Lo contradictorio es que a la vez que les gustaría recibir ese cariño, con su comportamiento alejan a las personas que más quieren. En el fondo actúan así porque es tanto el miedo y tanto el dolor que hay detrás, que la rabia aparece para taparlo, porque creen que sintiendo desde la rabia se protegen de ser vulnerables, cuando en el fondo, nuestra mayor protección es el Amor. Cuando de verdad te amas a ti mismo, y estás en comunión con el Universo y aceptas la vida tal y como es, cuando renuncias al deseo de que los demás cambien y sólo te enfocas en tu propio cambio personal, el mundo empieza a ser un lugar más seguro del que no necesitas protegerte, y sólo lo quieres amar. “Ama lo imperfecto y lo verás perfecto”.

Sin embargo, el mensaje que quisiera transmitir a través de este artículo, es la gran capacidad de amor que tienen las personas que aparentemente están llenas de rabia cuando sanan el dolor que hay detrás de ella, y se permiten vivir desde el gran amor que en el fondo están anhelando, si deciden soltar la rabia como mecanismo de defensa para no sufrir. Lo que sucede en muchos casos es que el Amor está disponible para nosotros, pero somos nosotros los que no estamos disponibles para el Amor. Parte de la solución está en asumir cada uno su responsabilidad, y recordar que si queremos ser más felices, o fluir más en nuestra vida, incluídas las áreas del trabajo, el dinero, la salud, etc., parte de la solución está en abrir el corazón, y dar el salto al vacío, sin querer controlar cada instante, fluyendo, y poder así ser cada vez más nosotros mismos, desde la esencia de Amor que está dentro de cada uno de nosotros.

Cristina Cáceres Mangas