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© Sanar desde las
constelaciones familiares
OCTUBRE 2012

 

Muchas veces veces utilizo la palabra “sanar”en mi vocabulario habitual, y seguro que a muchos de vosotros os sucede lo mismo. ¿Pero cuántas veces utilizamos esta palabra de forma consciente?, es decir, ¿sabiendo realmente a lo que nos referimos por “sanar”?

Cada uno de vosotros tendrá su propia aproximación a la definición de sanar según haya sido su experiencia. En mi trayectoria, he utilizado este término para referirme al encuentro conmigo misma, con mi Ser, a través del autoconocimiento. En este camino del autoconocimiento, hay personas que lo emprenden a través de la meditación, otros a través de terapias que ayudan a conectar con la escucha del cuerpo, otros con las emociones, etc.

La espiritualidad no debe ser entendida como una evasión de la realidad, sino como estar bien enraizados para vivir lo que nos toca vivir en cada momento. A través de las Nuevas Constelaciones o Constelaciones del Espíritu (llamadas así gracias al fruto de la evolución del trabajo de Bert Hellinguer), he entendido en un plano más profundo el significado de ESTAR ABIERTO A LA VIDA, y como consecuencia, también he integrado en un plano más profundo el significado de la palabra “sanar”.

 Las CONSTELACIONES FAMILIARES son una herramienta fenomenológica, fruto del intenso trabajo de Bert Hellinguer, a quien debemos también el descubrimiento de los Órdenes del Amor, los cuales nos ayudan a que todo fluya adecuadamente.

Cuando los Órdenes del Amor no son respetados, surgen los conflictos y los bloqueos en nuestra vida. A través de las constelaciones podemos ver fenomenológicamente si se ha producido algún desorden, para así, restaurarlo. Al producirse esta restauración nos llenamos de amor. Un amor que en realidad había, pero que estaba bloqueado por algún desorden. Al ver este desorden en la constelación, nace la posibilidad de que el amor resurja con una nueva fuerza, por lo que al final, damos gracias al bloqueo y a lo que sucediera, pues gracias a ello, pudo moverse la energía de sanación para el mayor bien de todos.

Una de las cosas que nos ayuda a estar en la actitud adecuada para sanar es ACEPTAR TODO TAL Y COMO ES y DECIR SÍ A TODO LO QUE HAY, para permitir el fluir de la energía y abrirnos así a la vida. Pero para poder aceptar todo tal y como es, el primer paso es VER LO QUE HAY, y muchas veces es aquí donde nos detenemos. Éste es uno de los pasos que más nos cuesta, el “ver lo que hay”.

 Ya sea por desconocimiento, porque no sabemos donde hay que mirar, o porque aquello que sabemos que tenemos que mirar nos produce dolor, y entonces elegimos mirar a otro lugar, lo cierto es que es el punto que requiere de nosotros una mayor consciencia, el saber quenuestros ancestros necesitan que miremos a situaciones/personas que aún no han sido vistas, sin juicio, para no excluir nada, y esta sanación es la que se da a través de las Nuevas Constelaciones o Constelaciones del Espíritu.

 Nosotros somos un alma individual, que a su vez pertenece a un sistema familiar. Estamos aquí y ahora, porque previamente han existido generaciones y generaciones antes de nosotros, a través de las cuáles nos viene la vida. Y ese sistema al que pertenecen todos nuestros ancestros, también tiene un Alma que nos habla a través de señales, para que gracias a estas señales, nos demos cuenta que el sistema necesita que miremos a un lugar o persona, que no está siendo visto. Al mirar allí, se produce un movimiento sanador, que a su vez permite que se produzca otro movimiento, y así sucesivamente.

 La vida es un movimiento constante, y el mirar donde se necesita en cada momento, nos permite fluir con el movimiento de la vida.Cuando no lo hacemos, la energía se estanca y entonces se producen los grandes bloqueos en cualquier ámbito. Si yo no soluciono algo, entonces los más pequeños de mi sistema, los que vienen después de mí, somatizarán todo aquello que el sistema tiene pendiente de resolver, por eso los padres tienen el deber de constelar por sus hijos, porque en el fondo, a los niños no les sucede nada que no hayan dejado pendiente de resolver previamente sus padres.

 Muchas de las cosas que nos ocurren, suceden porque estamos vinculados a ancestros que ni siquiera hemos conocido en vida, pero por fidelidad a ellos, de forma inconsciente, reproducimos un comportamiento, el cuál nos afecta interfiriendo en nuestro día a día.

A veces esas fidelidades al sistema nos llevan a boicotearnos, a enfermarnos, a sentir mucha rabia, a no terminar proyectos cuando ya estamos a punto de lograr un objetivo, a no tener pareja o a hacer algo para que la pareja se enfade y nos deje; a no tener un equilibrio entre el dar y el recibir o entre la energía femenina y masculina; a tener un accidente, un problema en el trabajo, con la economía, con la realización profesional, y en general, a tener bloqueos en algún área de nuestra vida. 

Entonces, ¿qué permite una constelación? Sanar, pero no sólo a nivel individual, sino al sistema, y a todas las personas que resuenan con la constelación. Cada movimiento de sanación que tú hagas contigo mismo, repercute en la sanación colectiva. Por tanto, cada uno de nosotros tiene una responsabilidad cuando algo fuera de nosotros no nos gusta, pues no hay nada fuera que no esté previamente dentro.

Para que en una constelación haya sanación, todas las personas que se reúnen para ese fin, han de estar muy centradas, para dejarse llevar por la energía que permite la sanación. En ese momento de centramiento, te dejas llevar por el sentir de tu cuerpo, sin pensar si es lógico o no lo que estás sintiendo, o el movimiento que tu cuerpo te pide que hagas. Cuando digo sentir, me refiero a escuchar al cuerpo, no a entrar en ningún drama o en una emoción que pueda distorsionar el movimiento sanador.

En la constelación, todos nos ponemos al servicio del sistema de la persona que está constelando, sin intención, sin juicio acerca de lo que es mejor o peor, y abiertos al “Sí a todo tal y como es”. Es éste “Sí”, lo que nos permite respetar el destino de cada persona, sin pretender manipularlo, y es desde la aceptación incondicional hacia el destino de cada ser humano, como uno puede sanarse a sí mismo, y como consecuencia, a los demás. Pues ese “Sí” es el que permite que vuelva a fluir la energía donde se había estancado.

Cristina Cáceres Mangas