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© Claves para tener una relación
sana y consciente
JUNIO, 2011

 

 

En ocasiones, cuando dos personas comienzan una relación de pareja se dicen algo así como: “Yo te voy a hacer feliz y a cambio tú me vas a hacer feliz a mí”. Aunque esto no se llegue a verbalizar de forma explícita, sí ocurre de manera implícita.

Alrededor de esta promesa comienzan a girar todo tipo de expectativas, y en su mayor parte, imposibles de cumplir. ¿Cómo esperar que el otro te quiera si tú no te quieres a ti mismo? ¿Cómo pedir al otro que te respete si tú no respetas a ti? ¿Cómo esperar que el otro te cuide si tú no cuidas de ti mismo? Y parafraseando un poema de Borges, ¿Por qué esperar que alguien te traiga flores, si tú no plantas tu propio jardín?

Vivimos en la incoherencia permanentemente sin darnos cuenta de ello, sin darnos cuenta que el único responsable de nuestra felicidad es uno mismo; porque cuando experimentas el amor dentro de ti, no esperas que el otro te haga feliz, porque entiendes que la felicidad es tuya, está en tu interior.

Entender esto es, por un lado, liberador, aunque por otro puede causar vértigo, porque entiendes que ya no solucionas nada culpando a los demás, ni escudándote en lo que te han hecho. ¡Tú decides! ¡Así de sencillo, y así de difícil! Cuando integras esto, ¡dejas de ser víctima para convertirte en vencedor! ¿No crees que es fascinante vivir sin victimarios alrededor; y tan sólo por que tú has elegido dejar de comportarte como víctima o como mártir?

Estoy de acuerdo en que es un rol que cuesta abandonar, porque puede ser una actitud con la que uno crece, y no sabe cómo dar el cambio, no sabe cómo dejar de quejarse, no sabe como llevar las riendas de su vida sin hacer responsable al otro. Hemos aprendido a relacionarnos así, ya que de momento, la asignatura de “inteligencia emocional” no se enseña en las escuelas; en cambio, las telenovelas, series y realities shows donde aparecen continuamente luchas de poder, siguen existiendo, haciéndonos creer que eso es lo normal. Y puede ser normal en el sentido de que es a lo que estamos acostumbrados, pero eso es muy distinto a que sea “sano”.

Lo interesante de esto, es que a veces ponemos cosas en el otro, que son nuestras, y por ahí, es por donde se puede empezar a cambiar, siendo conscientes de qué es eso que ponemos en el otro, para dejar de hacerlo. De esta manera ya no permites que otro lleve las riendas de tu vida, y comienzas a llevarlas tú. Es como montar a caballo; puede que un día te caigas, pero te vuelves a levantar, ¡y no pasa nada! Pero al menos sabes que eres tú quien se cae y se levanta, y no dependes de que otro quiera levantarse por ti.

No podemos hacer responsables a los demás de lo que no nos gusta en nuestra vida. Cada uno de nosotros tiene el poder de hacer que la vida sea aquello que queremos que sea. Hacer responsables a otros, muchas veces, es ceder nuestro poder a ese otro, y eso es una “elección” de cada uno. Y si lo eliges así, es una elección respetable, pero al menos sé consciente de que así lo has elegido. Puede que esta elección sea más cómoda, pero también te esclaviza a lo que los demás quieren, y si lo que buscas es sentirte libre, siempre estás a tiempo de hacerlo. Normalmente hay motivos inconscientes que te dificultan el cambio aunque quieras, pero puedes pedir ayuda a un buen profesional que te acompañe en tu proceso de cambio. 

Nos conformamos con ciertas situaciones, relaciones y/o personas, porque no nos atrevemos a hacer cambios y a tomar decisiones. Entonces, para no enfrentarnos a nuestro propio miedo e incapacidad, vivimos en la inconsciencia, y creemos ingenuamente, que cuando cambie el exterior, seremos felices, sin darnos cuenta que la felicidad no se construye de fuera hacia dentro, sino que es un proceso que va desde el interior de la persona hacia el exterior.

Partir de este supuesto, supone un mayor grado de responsabilidad por la vida propia, la autoaceptación de nuestros límites, de nuestros miedos, pero también la posibilidad de conocernos a un nivel más profundo, de reencontrarnos, de superarnos, y lo más importante, de ser cada día un poquito más, NOSOTROS MISMOS.

En ocasiones, por este miedo de responsabilizarnos de nuestra propia vida, llegamos a convertirnos en la “sombra” de alguien. De repente un día despertamos sin acordarnos de quien somos, sentimos un inmenso vacío, nos miramos al espejo y no nos gusta lo que vemos, no nos reconocemos, nos hemos perdido a nosotros mismos, y ni siquiera sabemos en qué momento sucedió. Pero aún así, tampoco podemos culpar al otro, porque nosotros en algún nivel, consciente o inconscientemente, elegimos esa situación.

Ante esto, hay dos caminos posibles, asumir erróneamente que tiene que ser así, asumir que eso son las relaciones: entregarte al otro olvidándote de quién eres, de tu propia individualidad; ó, el segundo camino, trabajarte y sanar todos aquellos patrones que te han llevado a elegir consciente ó inconscientemente esa vida o relación que no te llena, o en la que experimentas ese vacío.

Experimentar el vacío y la infelicidad, puede ser el motor para crear la vida que queremos. Para ello, basta con aprender de cada situación, no quedándonos sólo con el dolor, sino que a través del dolor, preguntarnos siempre y en cada situación, qué podemos aprender de lo que nos está ocurriendo. Sólo así crecemos, sólo así avanzamos, y sólo así evolucionamos. Del lado contrario nos estancamos y “luchamos” contra algo sin lograr respuestas, porque no nos damos cuenta de que el dolor puede ser nuestro aliado, y no nuestro enemigo.

El primer paso es ACEPTARLO, sin juicios, y desde la aceptación, atreverse a mirar qué hay debajo de ese dolor, qué hay debajo de las decepciones, de las expectativas; sólo así encontraremos respuestas, hasta llegar a la respuesta más grande de todas, ¿Quién Soy Yo?

Uno sabe Quien Es, cuando redescubre su Ser, y se convierte en un Ser Completo. El Ser Completo ya no necesita que el otro le haga feliz, porque ya no necesita tener a alguien al lado, sino que le gustaría tener a alguien al lado, no para que le haga feliz, sino para compartir la felicidad que uno ya ha encontrado dentro de sí. Véase la sutil diferencia entre estas dos acepciones: necesitar y me gustaría. Esto responde a la pregunta de ¿Te quiero porque te necesito, o te necesito porque te quiero?.

Cuando uno proyecta que necesita a alguien, aparecerán en su vida personas con las mismas carencias y necesidades, aunque no necesariamente bajo las mismas características. En cambio, cuando sanamos nuestro interior y dejamos de buscar nuestra media naranja, porque ya no la necesitamos, nos hemos convertido en una naranja completa, proyectamos al Universo lo que Somos, y por tanto, atraemos a nuestra vida, “naranjas completas”, o al menos, en el proceso consciente de querer serlo, porque posiblemente, éste sea el trabajo de toda una vida.

Por tanto, varios de los aspectos que pueden ayudar a tener una relación sana, son: el compromiso por ambas partes de seguir creciendo y evolucionando. Parte de este proceso es dejar las culpas y los miedos a un lado, o al menos ser conscientes de ellos para que no nos condicionen, y hablar desde el amor y la comprensión, dejando a un lado el ego.

También es importante tener claro que el otro no es responsable de tu felicidad, sino que está para compartir tu propia felicidad, y así la dicha sea aún más grande. Y en los conflictos que puedan surgir, ser consciente de que el otro es un espejo de lo que te ocurre, de lo que no puedes ver en ti, pero no la causa. Por tanto, una relación siempre es una gran experiencia de crecimiento, pero depende de nosotros que esa relación sea “sana” y “consciente”. ¡Merece la pena intentarlo!

Cristina Cáceres Mangas