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© LA BUENA AYUDA vs ROL DE SALVADOR
(desde las Constelaciones Familiares)
FEBRERO, 2014

 

 

A veces creemos que ayudamos, pero ¿es realmente una “buena ayuda” lo que ofrecemos? ¿Desde qué “lugar” se da la ayuda? ¿Qué es necesario para que la ayuda sea “buena” para todos?

Lo primero para explicar qué es la “buena ayuda” desde la perspectiva de las Constelaciones Familiares, es saber qué significa “tomar” a los padres, el cuál es un concepto acuñado por Bert Hellinger, de suma importancia para entender muchos aspectos de nuestra vida desde este enfoque.

Tomar a los padres, significa ACEPTARLES TAL Y COMO SON. Eso incluye aceptar sus destinos, sus vidas, sus cargas y limitaciones, sin pedirles más de lo que nos dan o nos han dado (incluso aunque ya no vivan), y tomando todo lo que nos han dado, ni más ni menos. Tomar a los padres no significa sólo “llevarse bien”, significa darles el lugar de padres y nosotros tomar el lugar de hijos, no a la inversa.

El trabajo que lleva a la buena ayuda, es aquel en el que el ayudador ha tomado a sus padres, porque de esa forma no va a intentar usurpar el lugar de los padres del cliente. Honrar a los padres del cliente, independientemente de lo que haya sucedido en su vida. El cliente necesita que le ayudemos a tomar a sus padres, porque por ahí empieza la sanación.
Uno de los riesgos en las
 terapias es que el cliente busque en el terapeuta a sus padres, y entonces si el terapeuta no tiene esto en cuenta, puede verse envuelto en ese juego inconsciente, pero sabiendo esto, puede salirse de ese juego y llevar a su cliente hasta sus padres, a través de la honra y reconocimiento del terapeuta a los padres de su cliente. Pero esto sólo será posible si previamente el terapeuta ha hecho el trabajo de tomar a sus padres, si no, no se dará cuenta del juego inconsciente que está teniendo lugar.

Después de que el terapeuta ha podido honrar a sus propios padres, entonces puede honrar a los padres de los clientes, y darles un lugar en su corazón. Cuando el terapeuta honra a los padres del cliente, se posiciona en su lugar con respecto a ellos, y así no cae en ser “salvador”, sólo un acompañante o guía, que se sirve de sus conocimientos para acompañar a su cliente en el proceso de sanación, pero sin usurpar el lugar de los padres. Es decir, caer en el rol de salvador es usurpar consciente o inconscientemente el lugar de los padres del cliente.

Si el terapeuta o ayudador honra a sus padres como son, esto a su vez hará que muchas personas inconscientemente se sientan atraídas hacia él, ya que su inconsciente y el inconsciente del sistema de los potenciales clientes, saben que esa ayuda facilitará la sanación no sólo de la persona, sino del sistema o parte de él, mediante la honra de la persona y el poder ordenarse dentro de su sistema. Por eso, es muy importante que todo ayudador trabaje primero en ordenarse con respecto a su sistema y tomar a los padres, para luego poder acompañar a otros a ordenarse con sus respectivos sistemas. Esto es importante independientemente del tipo de terapia que se realice. En este orden está gran parte de la solución a muchos problemas, ya que a medida que estamos más ordenados dentro de nuestro sistema familiar, más empezamos a vivir sólo nuestro destino, y no el destino o las vidas de otros, pues eso lo hacemos a menudo inconscientemente.
Algo de lo que Bert Hellinger habla en sus artículos, es que cuando una persona pide ayuda y ésta aún  no ha tomado a sus padres a un nivel profundo y se siente más grande que ellos, también puede llegar a ponerse por encima de las demás personas, incluso de su terapeuta, exigiéndole qué hacer o cómo hacer.  El terapeuta, a su vez, si tampoco ha “tomado” a sus padres, ante la exigencia se pondrá como un niño, buscando la aprobación de su cliente o paciente, y entrando en una posible manipulación. Algo clave aquí es tener claro que lo que buscamos como terapeutas es ponernos al servicio de una fuerza mayor que es lo que Bert Hellinger llama el “destino” de la persona y de su sistema, y NO al servicio del ego tanto de la persona como propio. El sistema es una fuerza muy grande, y la sanación que se produce es mucho mayor si nos ponemos al servicio del sistema, en vez de al servicio del ego.

La labor del ayudador es estar en el adulto con su cliente, para así poder llevar a éste al estado adulto. Ése es el verdadero trabajo. Es una energía muy sutil la que se mueve, por eso es un trabajo que requiere de consciencia todo el tiempo. En un momento estamos en el lugar del adulto con respecto a nuestro cliente y al segundo siguiente podemos estar usurpando el lugar de sus padres o buscando el amor de los nuestros en él.

Un gesto simbólico que ayuda a tomar consciencia y elegir donde queremos estar es por ejemplo, el lugar desde el que damos el abrazo. El abrazo de igual a igual es dado por la derecha. No significa que con eso ya esté todo hecho, pero sí es un gesto que ayuda a que poco a poco se interiorice.

Un ejercicio muy útil para ocupar sólo el lugar de terapeuta o ayudador es visualizar a los padres del cliente detrás de éste, e internamente decirles: “Os veo. Estoy al servicio de vuestro sistema. Tu eres su madre. Tu eres su padre. Yo soy sólo el terapeuta, y soy más pequeño que vosotros”.

¿Cómo lograr entonces ofrecer la buena ayuda?
La buena ayuda viene en primer lugar del propio trabajo interno del terapeuta, de tomar a sus padres, y a la vez, estar en el adulto en su vida, no en el niño (algo que explica muy bien el análisis transaccional). Cuando el terapeuta está en el adulto (lo cual no tiene que ver con la edad, sino con una actitud ante la vida), puede ayudar a su cliente a llegar a ese estado adulto y por tanto también puede ayudarle a honrar y tomar a sus padres. Edward Bach dijo: “Un terapeuta puede llevar tan lejos a su paciente como consigo mismo haya llegado”. Esto es, el terapeuta que ha tomado a sus padres prestará una buena ayuda porque puede acompañar a sus clientes a tomar también a sus padres, y ahí empieza la sanación, en la aceptación de todo tal y como es, en primer lugar la aceptación de los padres, independientemente de cómo haya sido la historia de cada cuál. En aceptarles, está incluido el aceptar sus destinos correspondientes, sin pretender cambiarlos, porque entonces dejamos de ser hijos para convertirnos en abuelos, al hacer de padres de ellos.

Todo son matices muy sutiles, en un instante estamos ordenados o en el rol adecuado, y al segundo volvemos a querer salvar al otro, ya sean los padres o los clientes.

 

Estar en nuestro lugar, y sólo en nuestro lugar sin usurpar el lugar de otros, es un trabajo que requiere consciencia de toda una vida, ya que hay vínculos inconscientes que pueden activarse en determinadas situaciones. La manera de saber si un vínculo inconsciente con un ancestro del sistema familiar se ha activado es mirando si existe algún tipo de bloqueo en nuestra vida, ya que éstos pueden ser el reflejo de un desorden.

En definitiva, la buena ayuda viene de la mano de ponernos al servicio del destino de la persona y de su sistema, sin tratar de querer cambiar nada que no deba ser cambiado. Acompañarle en la aceptación y en las tomas de conciencia, de manera respetuosa, con amor a esa persona y con amor a su sistema, sabiendo que detrás de la dificultad que nos plantee hay muchas más fuerzas inconscientes que necesitan ser sanadas y miradas con amor.